Mié, 07/01/2009 - 02:44
El polaco Isaac Deutscher, gran historiador marxista, autor de una trilogía sobre Trotsky y de la excelente Stalin, biografía política, fue un judío cuya familia y comunidad fueron exterminadas por los nazis en los campos de concentración. Pero en los ensayos de su libro El judío no sionista (Editorial Ayuso, Madrid 1971) sostenía que los occidentales nunca debían ceder al chantaje que califica de antisemitismo a las críticas que se formulan a la política imperialista israelí.
Deutscher proponía una analogía muy sugestiva para analizar la situación: un hombre atrapado en un edificio que está en llamas se lanza por la ventana para no morir y en su caída hiere gravemente a un transeúnte, cuyo cuerpo amortigua el golpe, salvándole la vida. ¿Qué debería hacer quien así se ha salvado? ¿Golpear al transeúnte y llenarlo de injurias, o apresurarse a disculparse con él, explicarle lo sucedido, confortarlo y curarlo? Quien saltó del edificio en llamas eran para Deutscher los judíos que huyendo el Holocausto ocuparon Palestina. El transeúnte herido los palestinos, sobre cuyo territorio se refugiaron quienes huían de la Europa cristiana; la de los innumerables pogroms contra los judíos por más de un milenio, que finalmente culminaron en la Shoá, en los campos nazis de exterminio.
Deutscher abogaba por una coexistencia pacífica y armoniosa entre judíos y palestinos, un ideal al cual, por un camino radicalmente distinto, llegó también otro judío, Yitzhak Rabin, combatiente, militar y primer ministro de Israel, e inicialmente un halcón entre los halcones del sionismo, al que la vida llevó a la convicción de que la única salida al drama era la negociación y la paz dialogada: “Fui hombre de armas durante 27 años –dijo en su discurso final–. Mientras no había oportunidad para la paz, se desarrollaron múltiples guerras. Hoy, estoy convencido de la oportunidad que tenemos de realizar la paz”.
La oportunidad se abrió cuando la al Fatah de Yasser Arafat decidió reconocer el derecho de Israel a existir, abriendo la negociación por la que Arafat, Rabin y Shimon Peres (que como presidente de Israel avala la barbarie) recibieron el Nobel de la Paz. Rabin fue abatido por un judío fundamentalista de derecha pocos minutos después de pronunciar estas palabras, el 4/11/95 y su muerte abrió el camino al triunfo de los extremistas judíos y palestinos, y a la espiral de guerra, dolor y destrucción que tienen su última expresión hoy, en el martirio de Gaza.
Gerardo Leibner, otro judío, catedrático de la Universidad de Tel Aviv, amigo del Perú y autor de un valioso libro sobre Mariátegui, nos escribe una carta conmovedora, en que pide solidaridad con “la población civil palestina de la Franja de Gaza expuesta a bombardeos diarios de aviones y helicópteros israelíes. Y también para la población israelí del suroeste del país que sufre de los misiles disparados por Hamas”, señalando al gobierno israelí como el principal responsable de la actual tragedia.
Por allí está el único camino posible. La gran amenaza para Israel no son los cohetes artesanales de Hamas sino la determinación que se está alimentando en miles de adolescentes palestinos que hoy ven justificado su anhelo de morir como mártires.
Etiquetas: deutscher, gaza, guerras, historia universal
miércoles, 31 de diciembre de 2008 9:23
Por Nelson Manrique
La historia puede ayudar a comprender la crisis económica mundial y cómo nos va a afectar. Las crisis económicas no son un accidente en el capitalismo industrial sino son parte de su funcionamiento “normal”, que alterna cíclicamente periodos de expansión y de contracción. Existen crisis de corta, mediana y larga duración; estas últimas –como la actual– son las más severas y su lógica fue explicada por su descubridor, el economista ruso Nicolai Kondratiev. Las crisis de larga duración se inscriben en ciclos de entre 48 y 60 años (la primera mitad de subida y la segunda de bajada) conocidos como ciclos Kondratiev. Es notable la estrecha relación que existe entre estos y el derrotero de la economía peruana.
Examinemos los datos. La primera gran crisis se desató en Londres, medio siglo después del inicio de la revolución industrial, el mismo año cuando en Junín y Ayacucho ganamos nuestra independencia: 1824. El flamante Estado peruano comenzó su vida independiente en medio de una terrible crisis, y tuvo que declararse en bancarrota y cesar unilateralmente el pago de su deuda externa.
Esta primera gran depresión se extendió por unos 25 años y hacia 1849, mientras la economía mundial empezaba su fase de expansión, cambió dramáticamente nuestra suerte. Vivimos entonces el boom del guano (la “prosperidad falaz”, según Jorge Basadre). Esta era dorada –que vio nuestra reinserción en la economía mundial y las obras de Ramón Castilla– terminó con otra gran crisis –no en vano la denominaron la “Gran Depresión”– en 1873. Acabó la prosperidad guanera y colapsó la economía peruana. En 1876 el Perú volvió a declararse en bancarrota y dejó de pagar su deuda externa. Sobrevino la guerra con Chile (1879), nuestro hundimiento y el sombrío periodo del Segundo Militarismo.
El nuevo ciclo de expansión mundial se inició hacia 1895, y coincidió en el Perú con el fin del Segundo Militarismo y el inicio de una alegre fase de prosperidad que se prolongó a través de la República Aristocrática (versión peruana de la Belle Epoque europea) y la modernización leguiísta. Sobrevino entonces el crash de 1929 y el Perú volvió a hundirse en la depresión. La recuperación mundial sobrevino hacia la década del 50, luego de la Segunda Guerra Mundial. Aquí fue el periodo de Odría, la expansión del Estado de bienestar, grandes obras estatales, una educación pública de calidad superior a la privada, etc.
La siguiente crisis mundial debió sobrevenir hacia la década del 80 y falta explicar por qué ha estallado recién el año 2008. Una hipótesis fuerte podría ser que esto se debió a las políticas anticíclicas keynesianas y el Wellfare State de la postguerra, que se implementaron en todo Occidente. Cuando el neoliberalismo consiguió el desmantelamiento de los mecanismos de control estatal en la década del 90 el retorno a la crisis se hizo inevitable, con las consecuencias que estamos viendo. Nuestra terrible dependencia con relación a los ciclos de crisis mundial se debe al carácter primario exportador de nuestro sistema productivo. Este ha sido profundizado por el gobierno aprista y nos ha colocado en la posición más vulnerable ante la crisis que se inicia.
Bonus:
Ciclos Kondratiev (PDF) de la UNAM
Ensayo: Los grandes ciclos de la vida económica - Kondratiev
Ensayo: Estado de Bienestar y mallas de seguridad (PDF)
Etiquetas: economia, historia d el peru, historia universal, neoliberalismo